El político de la educación chocoana
En el día del maestro recordamos al creador de las Escuelas Normales en el departamento del Chocó.
Diego Luis Córdoba (Negúa, Chocó; 21 de julio de 1907 - Ciudad de
México, 1 de mayo de 1964) gestor del sistema escolar que actualmente
tiene el departamento del Chocó gracias a la creación de sus Escuelas
Normales Superiores, de cuyas aulas egresó una pléyade de maestros y
maestras ejemplares que sirvieron a todas las geografías de Colombia
durante la segunda mitad del siglo XX.
domingo, 17 de mayo de 2015
Herencia, memoria y tributo a la diáspora africana en Colombia (8) Hipólita y Matea Bolívar
Las dos nodrizas
Hipólita Bolívar, también conocida como Negra Hipólita, nació en San Mateo, estado Aragua, Venezuela en 1763. Murió en Caracas el 25 de junio de 1835. Cuando nació Simón Bolívar en 1783 su madre necesitó una nodriza y recurrió a Hipólita, quien para entonces tenia 20 años. Este hecho fue recordado por el propio Bolívar en diversas oportunidades, mostrando en cartas (1825) y gestos (1827) el cariño que siempre sintió por Hipólita, a quien llegó a considerar "su madre y su padre".
https://www.youtube.com/watch?v=Gm_jb1QlY8c
Matea Bolívar: la negra compañera de juegos
La negra Matea Bolívar, hija y nieta de esclavos, fue una esclava nacida el 21 de septiembre de 1773 al sur de San José de Tiznado (estado Guárico). Al igual que el resto de los esclavos, llevaba el apellido de su dueño. Se convirtió en aya de Simón Bolívar a los diez años de edad. Matea se encargó de los quehaceres de la hacienda y también de cuidar, jugar y contarle cuentos a Bolívar.
A la Negra Hipólita
(Nodriza de Simón Bolívar)
Negra, de tu oscura piel
surgió níveo alimento
para proveer sustento,
aflorando como miel,
a la boca de aquel
apuesto niño Simón.
En su cuna la canción
de la “Gloria al bravo pueblo”
¡Gloria, gloria al bravo pueblo!
De Hipólita la misión.
De Hipólita la misión
guiar los primeros pasos
del niño de contrapasos;
autor de emancipación,
por regia definición.
Logró su cuido y bondad,
disponer al “Gran Jinete”,
el de espada y estilete,
para darnos libertad.
De Hipólita la misión
amparar al indefenso,
con su cariño propenso
para dar liberación
al pobre de la nación.
Ejemplo puro de gracia,
la triste penuria sacia
con gran dignidad y abrigo,
colofón de democracia.
Autor: Ítalo Violo
Hipólita Bolívar, también conocida como Negra Hipólita, nació en San Mateo, estado Aragua, Venezuela en 1763. Murió en Caracas el 25 de junio de 1835. Cuando nació Simón Bolívar en 1783 su madre necesitó una nodriza y recurrió a Hipólita, quien para entonces tenia 20 años. Este hecho fue recordado por el propio Bolívar en diversas oportunidades, mostrando en cartas (1825) y gestos (1827) el cariño que siempre sintió por Hipólita, a quien llegó a considerar "su madre y su padre".
https://www.youtube.com/watch?v=Gm_jb1QlY8c
Matea Bolívar: la negra compañera de juegos
La negra Matea Bolívar, hija y nieta de esclavos, fue una esclava nacida el 21 de septiembre de 1773 al sur de San José de Tiznado (estado Guárico). Al igual que el resto de los esclavos, llevaba el apellido de su dueño. Se convirtió en aya de Simón Bolívar a los diez años de edad. Matea se encargó de los quehaceres de la hacienda y también de cuidar, jugar y contarle cuentos a Bolívar.
A la Negra Hipólita
(Nodriza de Simón Bolívar)
Negra, de tu oscura piel
surgió níveo alimento
para proveer sustento,
aflorando como miel,
a la boca de aquel
apuesto niño Simón.
En su cuna la canción
de la “Gloria al bravo pueblo”
¡Gloria, gloria al bravo pueblo!
De Hipólita la misión.
De Hipólita la misión
guiar los primeros pasos
del niño de contrapasos;
autor de emancipación,
por regia definición.
Logró su cuido y bondad,
disponer al “Gran Jinete”,
el de espada y estilete,
para darnos libertad.
De Hipólita la misión
amparar al indefenso,
con su cariño propenso
para dar liberación
al pobre de la nación.
Ejemplo puro de gracia,
la triste penuria sacia
con gran dignidad y abrigo,
colofón de democracia.
Autor: Ítalo Violo
Herencia, memoria y tributo a la diáspora africana en Colombia (7) Oscar Collazos
Oscar Collazos, el escritor de las marginalidades
Su última columna en el periódico El Espectador fue una bella y memorable disertación sobre el robo del ejemplar de "Cien Años de Soledad" ocurrido en la pasada Feria del Libro de Bogotá.
Murió este 17 de mayo pero como en las historias de esos seres que traspasan las fronteras del tiempo, su muerte fue anunciada cinco días antes por el periodistas Juan Gossain, quien le dió una despedida anticipada.
Nació en Bahia Solano en el año de 1942 y falleció en la ciudad de Bogotá.
Una de sus primeras publicaciones "Los días de la paciencia" (1978) constituye un archivo a la memoria de las desventuras del bello puerto de Buenaventura, donde el escritor conoció de cerca el duelo entre la pobreza y la riqueza que a diario habitan este muelle sobre el mar pacífico.
Collazos hace parte de la generación de escritores afrocolombianos de la segunda mitad del siglo XX, cuya obra reseña de forma extraordinaria y aguda la historia de una sociedad afectada por los prejuicios raciales, sociales y de clase. Sus dos últimas novelas "Rencor" y "Tierra Quemada" son sin duda un valioso testimonio de la violencia ocurrida en el caribe colombiano y sus dolorosas consecuencias en la vida de mujeres jóvenes afrocolombianas y de centenares de familias campesinas desterradas por el fuego de los paramilitares durante los años noventa.
Su última columna en el periódico El Espectador fue una bella y memorable disertación sobre el robo del ejemplar de "Cien Años de Soledad" ocurrido en la pasada Feria del Libro de Bogotá.
Murió este 17 de mayo pero como en las historias de esos seres que traspasan las fronteras del tiempo, su muerte fue anunciada cinco días antes por el periodistas Juan Gossain, quien le dió una despedida anticipada.
Nació en Bahia Solano en el año de 1942 y falleció en la ciudad de Bogotá.
Una de sus primeras publicaciones "Los días de la paciencia" (1978) constituye un archivo a la memoria de las desventuras del bello puerto de Buenaventura, donde el escritor conoció de cerca el duelo entre la pobreza y la riqueza que a diario habitan este muelle sobre el mar pacífico.
Collazos hace parte de la generación de escritores afrocolombianos de la segunda mitad del siglo XX, cuya obra reseña de forma extraordinaria y aguda la historia de una sociedad afectada por los prejuicios raciales, sociales y de clase. Sus dos últimas novelas "Rencor" y "Tierra Quemada" son sin duda un valioso testimonio de la violencia ocurrida en el caribe colombiano y sus dolorosas consecuencias en la vida de mujeres jóvenes afrocolombianas y de centenares de familias campesinas desterradas por el fuego de los paramilitares durante los años noventa.
Herencia, memoria y tributo a la diáspora africana en Colombia (6) Teresa de Jesús Martínez de Varela.
La poeta del Atrato
Teresa de Jesús Martínez de Varela. Nació en Quibdó el 1 de julio de 1913 y falleció el 16 de junio de 1998. Maestra normalista, poetisa, institutora folclórica, novelista, musicóloga, dramaturga, declamadora, pintora, escritora, líder social e investigadora, representa la primera figura intelectual de una mujer negra en el Choco de inicios del siglo XX.
En 1983 publicó “Mi Cristo negro” sobre la pena de muerte a Manuel Saturio Valencia. En 1987 aparece la biografía de Diego Luis Córdoba, y en 1992, con el patrocinio del Grupo Niche, “El Papi Gamín”. Como dramaturga ha escrito el “Nueve de abril”, “Las fuerzas armadas” y “La madre fósil", melodrama presentado en Quibdó.
Teresa de Jesús Martínez de Varela. Nació en Quibdó el 1 de julio de 1913 y falleció el 16 de junio de 1998. Maestra normalista, poetisa, institutora folclórica, novelista, musicóloga, dramaturga, declamadora, pintora, escritora, líder social e investigadora, representa la primera figura intelectual de una mujer negra en el Choco de inicios del siglo XX.
En 1983 publicó “Mi Cristo negro” sobre la pena de muerte a Manuel Saturio Valencia. En 1987 aparece la biografía de Diego Luis Córdoba, y en 1992, con el patrocinio del Grupo Niche, “El Papi Gamín”. Como dramaturga ha escrito el “Nueve de abril”, “Las fuerzas armadas” y “La madre fósil", melodrama presentado en Quibdó.
Herencia, memoria y tributo a la diáspora africana en Colombia (5) Manuel Saturio Valencia Mena
El Fusilamiento del Poeta
http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/el-fusilamiento-del-poeta/
A finales del siglo XIX Manuel Saturio Valencia Mena era en Popayán el primer hombre negro que estudiaba leyes en la Universidad del Cauca. Había nacido el 24 de diciembre de 1867 en una gloriosa Quibdó reconocida por el comercio del oro y por la pobreza de su gente negra. A pesar de las difíciles circunstancias que vivió, Saturio fue un niño que aprendió con los capuchinos el latín y el francés, y fue tan aventajado aprendiz, que recibió apoyo de los religiosos para realizar sus estudios superiores a muchas horas de su natal Chocó.
Valencia regresa a su tierra para ejercer como personero, juez de rentas y ejecuciones fiscales, y juez penal. Según sus biógrafos, fue el primer hombre negro en América en ser nombrado para estas funciones públicas. Estuvo, como muchos jóvenes de su tiempo, en la guerra de los Mil Días, donde obtuvo el grado de capitán en las tropas gobiernistas conservadoras y aprendió sobre política y partidismo.
Poeta del Atrato, Manuel Saturio fue un gran autodidacta, cultivador de la música y los cantos en las escuelas. Es considerado el primer literato negro del Chocó, pero, debido al racismo de la época, muchos de sus escritos quedaron inéditos en el silencio de una sociedad que hasta hacía pocos años había vivido y rentado del comercio de esclavizados.
La historia de Manuel Saturio está llena de eventos dramáticos y dolorosos, y el final de sus días tiene como telón de fondo pasiones de amor y odio racial que terminaron con su fusilamiento hace 108 años.
Valencia enamoró y embarazó a Deyanira Castro, una joven blanca hija de un importante líder liberal. Esta aventura terminó en una tremenda venganza por parte de la familia asaltada en su dignididad de raza y noble apellido. En la madrugada del primero de mayo de 1907 Manuel Saturio, embriagado y sin conciencia de lo que sucedía, fue inculpado del incendio ocurrido en el centro de la ciudad. Su cinturón y una bola de trapo con restos de petróleo fueron la evidencia para incriminarlo por atentar contra la notable sociedad quibdoseña. La Constitución de 1886 condenaba con pena de muerte a los incendiarios. En seis días y cinco noches lo enjuiciaron y lo condenaron. Su delito era ‘imperdonable’, había atentado contra las familias de élite que habitaban la famosa carrera primera, cuyos andenes estaban destinados a la exclusividad genética de la blanquitud.
En este largo siglo que corre desde su fusilamiento, se han escrito novelas, poemas, ensayos, artículos y un guión para teatro que en el año 2011 hizo su solitario debut en la ciudad de Popayán, en el extinto Teatro Bolívar, bajo la dirección de Eugenio Gómez, una treintena de actores y actrices del Chocó y con el nombre de ‘Amangualados’.
Verdad y mito, Manuel Saturio Valencia Mena constituye el ícono de una tradición literaria y oral que merece un lugar de reconocimiento, pues sólo hombres de su talla producen tanto interés literario e histórico sobre los sucesos de su existencia.
Cuatro notables novelas de la mano de tres escritores y una escritora afrocolombiana: ‘La Palizada’, de Miguel A. Caicedo (1952); ‘Memorias del Odio’, de Rogerio Velásquez Murillo (1953); ‘Mi Cristo Negro’, de María Teresa Martínez (1983), y ‘El fusilamiento del diablo’, de Manuel Zapata Olivella (1986). Cientos de ensayos entre los cuales sobresalen: ‘Manuel Saturio Valencia: El hombre’, Miguel A. Caicedo (1992); ‘Héroes y políticos: Quibdó desde 1900’, Peter Wade (1997) y ‘Violencia y Resistencia: una perspectiva de la literatura afrocolombiana’, de Marvín A. Lewis (1987), y ‘A cien años del fusilamiento de Manuel Saturio’, de César E. Rivas Lara (2007), hacen parte de una notable antología que incluye muchas más obras.
Según la tradición oral chocoana, el poeta fusilado nos dejó, en sus versos, razones poderosas para luchar contra el racismo:
“A yo que soy inorante
me precisa preguntá
si el coló blanco es virtú
pa yo mandame blanquiá…
Pregunto al hombre leal
porque saber me precisa
¿si el negro no se bautiza
en la pila bautismal?
Si hay otro má principal
má patras o má palante
má bonita o má brillante
donde bautizan al blanco,
me darán un punto franco
a yo que soy inorante”.
http://www.elpueblo.com.co/elnuevoliberal/el-fusilamiento-del-poeta/
A finales del siglo XIX Manuel Saturio Valencia Mena era en Popayán el primer hombre negro que estudiaba leyes en la Universidad del Cauca. Había nacido el 24 de diciembre de 1867 en una gloriosa Quibdó reconocida por el comercio del oro y por la pobreza de su gente negra. A pesar de las difíciles circunstancias que vivió, Saturio fue un niño que aprendió con los capuchinos el latín y el francés, y fue tan aventajado aprendiz, que recibió apoyo de los religiosos para realizar sus estudios superiores a muchas horas de su natal Chocó.
Valencia regresa a su tierra para ejercer como personero, juez de rentas y ejecuciones fiscales, y juez penal. Según sus biógrafos, fue el primer hombre negro en América en ser nombrado para estas funciones públicas. Estuvo, como muchos jóvenes de su tiempo, en la guerra de los Mil Días, donde obtuvo el grado de capitán en las tropas gobiernistas conservadoras y aprendió sobre política y partidismo.
Poeta del Atrato, Manuel Saturio fue un gran autodidacta, cultivador de la música y los cantos en las escuelas. Es considerado el primer literato negro del Chocó, pero, debido al racismo de la época, muchos de sus escritos quedaron inéditos en el silencio de una sociedad que hasta hacía pocos años había vivido y rentado del comercio de esclavizados.
La historia de Manuel Saturio está llena de eventos dramáticos y dolorosos, y el final de sus días tiene como telón de fondo pasiones de amor y odio racial que terminaron con su fusilamiento hace 108 años.
Valencia enamoró y embarazó a Deyanira Castro, una joven blanca hija de un importante líder liberal. Esta aventura terminó en una tremenda venganza por parte de la familia asaltada en su dignididad de raza y noble apellido. En la madrugada del primero de mayo de 1907 Manuel Saturio, embriagado y sin conciencia de lo que sucedía, fue inculpado del incendio ocurrido en el centro de la ciudad. Su cinturón y una bola de trapo con restos de petróleo fueron la evidencia para incriminarlo por atentar contra la notable sociedad quibdoseña. La Constitución de 1886 condenaba con pena de muerte a los incendiarios. En seis días y cinco noches lo enjuiciaron y lo condenaron. Su delito era ‘imperdonable’, había atentado contra las familias de élite que habitaban la famosa carrera primera, cuyos andenes estaban destinados a la exclusividad genética de la blanquitud.
En este largo siglo que corre desde su fusilamiento, se han escrito novelas, poemas, ensayos, artículos y un guión para teatro que en el año 2011 hizo su solitario debut en la ciudad de Popayán, en el extinto Teatro Bolívar, bajo la dirección de Eugenio Gómez, una treintena de actores y actrices del Chocó y con el nombre de ‘Amangualados’.
Verdad y mito, Manuel Saturio Valencia Mena constituye el ícono de una tradición literaria y oral que merece un lugar de reconocimiento, pues sólo hombres de su talla producen tanto interés literario e histórico sobre los sucesos de su existencia.
Cuatro notables novelas de la mano de tres escritores y una escritora afrocolombiana: ‘La Palizada’, de Miguel A. Caicedo (1952); ‘Memorias del Odio’, de Rogerio Velásquez Murillo (1953); ‘Mi Cristo Negro’, de María Teresa Martínez (1983), y ‘El fusilamiento del diablo’, de Manuel Zapata Olivella (1986). Cientos de ensayos entre los cuales sobresalen: ‘Manuel Saturio Valencia: El hombre’, Miguel A. Caicedo (1992); ‘Héroes y políticos: Quibdó desde 1900’, Peter Wade (1997) y ‘Violencia y Resistencia: una perspectiva de la literatura afrocolombiana’, de Marvín A. Lewis (1987), y ‘A cien años del fusilamiento de Manuel Saturio’, de César E. Rivas Lara (2007), hacen parte de una notable antología que incluye muchas más obras.
Según la tradición oral chocoana, el poeta fusilado nos dejó, en sus versos, razones poderosas para luchar contra el racismo:
“A yo que soy inorante
me precisa preguntá
si el coló blanco es virtú
pa yo mandame blanquiá…
Pregunto al hombre leal
porque saber me precisa
¿si el negro no se bautiza
en la pila bautismal?
Si hay otro má principal
má patras o má palante
má bonita o má brillante
donde bautizan al blanco,
me darán un punto franco
a yo que soy inorante”.
Herencia, memoria y tributo a la diáspora africana en Colombia (4) Don Benildo Castillo
Yo conversé con la luna y hablé con todos los santos
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/antropologia/criele/criele27.htmA la Biblioteca Municipal en el puerto de Buenaventura no le cabía un alma. Era el 11 de junio de 1988 cuando el poeta e investigador Alfredo Vanín, inauguró el Primer Encuentro Literatura Oral del Pacífico, organizado por él mismo.
Decimeros, trovadores y narradores; copleros, contadores de historias y músicos con bombos, guasás, flautas y cununos seguían llegando. Venían de los ríos chocoanos, de los manglares del Cauca, de los esteros de la costa. La intención era reunirse a la orilla del mar de sol a sol y bajo la luna durante tres días y tres noches a cantar y contar.
-Para que nuestros pueblos no pierdan la memoria- decía Vanín a quienes en Cali y en Buenaventura habían indagado por el sentido de su llamado.
Pero en el puerto no cesaba de llover. Había caído agua de día y de noche y seguía diluviando.
-Hoy va a llover
en un día de lluvia
fue el saludo de Janeth Riascos, la gran artista guapireña del canto, la danza y el teatro y quien también acudió al encuentro bajo el aguacero. Al fin y al cabo así es el litoral. Allí, el agua es parte del paisaje y del alma de su gente, tanto como de su poesía y sus fábulas repletas de humedad, de barcos, canoas e increíbles navíos. Como el del decimero Bartolomé Cortés que según él venía bogando desde Limones en el río Guapi con un guía bastante singular:
"¡me embarqué a navegar
en una concha é cangrejo
y sólo embarqué a un caimán
pa que me mostrata el estero
y arrimé a Buenaventura
en esa concha é cangrejo!"
O la nave de otro poeta popular, Catalino Moreno:
"Yo me embarqué
en una concha de almeja
pa rodear el mundo entero
navegando noche y día
en una concha de almeja"
| |
Alfredo Vanín, el poeta de las culturas fluviales del encantamiento. Buenaventura 1988. Foto: Greta Friedemann. |
Otros decimeros y cuenteros entraban al edificio municipal: Sebastián Montaño, Benildo Castillo, Carlina Andrade, Cristóbal Grueso, María Juana Ángulo y desde luego Marga rita Hurtado, la extraordinaria trovera y decimera nacida en Guapi hace 70 años.
Afuera la lluvia caía incesante. Adentro, en los anaqueles los volúmenes húmedos sentían el acoso de la sabiduría proverbial de la tradición oral que invadía el ambiente. La gente se apretujaba contra las estanterías para escuchar las rondas de relatos, adivinanzas, visiones del cosmos, fórmulas para trasladarse al cielo y hacer descender los santos a la tierra. Pero al comienzo de cada una de las tres noches del encuentro, el habla de los tambores reemplazó la de los narradores. La vibración de bombos y cununos estremecía cualquier polvo de las estanterías y lomos de libros. Era un mar de conocimientos compartido y probablemente ignorado por muchas de las páginas impresas que servían de testigos inusitados del encuentro. Con razón, la letanía de Vanín apenas terminaba cada ronda:
Sea mentira o sea verdad
se abra la tierra
se vuelva a cerrar
que el que lo está oyendo
lo vuelva a contar.
La mística de este analista social impulsaba el evento. No había sido fácil la empresa de movilizar gente, conseguir ayuda monetaria y preparar el escenario para el alud de literatura oral que invadió al puerto durante setenta y dos horas continuas.
Según sus propias palabras, Alfredo Vanín había nacido en "un pueblo donde la vida parece un cuento inventado para matar insomnios eternos". Meses atrás, frente a una audiencia en la Universidad del Cauca, confesó su fascinación de niño con las aguas del Guapi que a causa de la presión de la marea en un momento del día corren hacia el oriente y en otro hacia el occidente. Pasaba horas en las orillas imaginando que durante las pujas un enorme animal se subía por el río. Las quiebras comenzaban apenas volteaba la cola. Con su fuerza descomunal, le cambiaba el rumbo al río. Tenía memorias vivas de su asombro con los relatos de ancianas adorables. Ellas miraban las estrellas durante horas y describían animales y hombres encantados que salían de castillos y bosques debajo del agua. "Sentadas en los pisos de guadua o de nato, con las faldas recogidas, las viejas contaban historias de reyes sin poder y sin gloria, de príncipes transformados en animales insufribles y de pueblos y hechiceros poderosos que cambiaban el espacio y el tiempo terrenal. Convertían la realidad en magia... El ritmo de sus voces prolongaba el deslumbramiento que le producían las misteriosas corrientes cambiantes y encontradas del Guapi".
- ¿Qué magia que todavía persigo, había detrás de esas palabras rumorosas, húmedas de selvas y ríos, con jadeos de fieras, tironeadas por cataclismos bestiales y surgiendo invictas de su propio ahogamiento?, preguntaba Vanín en su prosa poética.
Y a fe que su ansiedad en el encuentro dejaba ver su férrea aspiración de hallar maneras de entender el ser de su gente en esa costa de torrentes y corrientes.
-Es que la imaginación de un pueblo trabaja con los mismos materiales de su historia, pero su proceso y su sentido van por lados diferentes-, explicaba Vanín luchando por penetrar y dilucidar el inconmensurable fenómeno de la creatividad artística en el litoral.
Desde luego que él aludía a los despiadados episodios de la historia de los africanos en Colombia y a la perenne invisibilidad a que sus descendientes han sido sometidos mientras la nación se ha consolidado en regiones, grupos humanos derechos y qué más da. A un mismo tiempo exponía que la articulación del universo de las gentes en el litoral en tales condiciones, sólo había sido posible a través de ¡una cultura del encanta miento!
Un encantamiento definido como una caja de resonancia mágica del ambiente social y físico del litoral, una caja llena de secretos rítmicos y poderes sobrenaturales, a los cuales sólo es posible acercarse mediante personajes espíritus que son dueños de la sabiduría, de la vida feliz o la desgracia...
De modo pues, que yo al fin empezaba a comprender la tesis de Alfredo Vanín: que las realidades patéticas de la sociedad negra de ancestro africano en el litoral se sublimaban en expresiones literarias musicales o religiosas Que estas eran respuestas poéticas a la marginalidad socio-económica constituyendo estrategias de supervivencia, esgrimidas como armas en todas las actividades de la vida.
Por ello el júbilo de los narradores cuando hablaban de sus experiencias con los espíritus. Con la tunda, el riviel, la candela, las sirenas o el buque Maravedí cargado de espíritus y esqueletos endemoniados procedentes de otros mundos que están más allá de las aguas que rodean la tierra. Espíritus a quienes se exorciza con cánticos y conjuros para evitar la enfermedad, el naufragio de la canoa o la muerte lejos de la familia.
De ahí el interés en hablar de otros personajes del mundo celestial abstracto, infinito e ilimitado: de los antepasados míticos y de las almas; de los dioses que arribaron con los europeos esclavistas desde el siglo XVI, detrás de los cuales seguramente se refugiaron las deidades que llegaron con los africanos. Toda esa visión compleja de comunicación entre el mundo celestial y el terrenal que en un momento dado se conjugó en el escenario del encuentro cuando Benildo Castillo, contando en décimas su propia experiencia, interpretó magistralmente la visión del universo de mucha gente allí reunida:
Una vez en un letargo
soñando que estaba muerto
me subí a los elementos
y anduve un rato paseando
Yo conversé con la luna
que se hallaba en su aposento
hablé con todos los muertos
sin dificultad ninguna
Conversé con San Alberto
y la Virgen del Consuelo
llegué a la puerta del cielo
soñando que estaba muerto.
A petición de los asistentes Castillo tuvo que repetir muchas veces más todas las décimas sobre su letargo. Vanin parecía agobiado pese a su gesto impasible. Claramente sus expectativas habían sido desbordadas. Si el poeta estaba abrumado, el resto de asistentes no lo estaba menos. Aun individuos en calidad de observadores, como el estudiante Pastor Murillo. Este, miembro de la organización Cimarrón, debió sentir la urgencia de evocar sus memorias de niño en Andagoya.
Durante la última noche del encuentro, comenzó a circular el rumor de que a la vuelta de la esquina habría arrullo en honor a San Antonio. Entonces, con otros de quienes escuchábamos la ronda de adivinanzas, Pastor abandonó la biblioteca.
-En Andagoya, mi pueblo, también se arrulla a San Antonio, empezó a decir...
-El último día de la novena recuerdo que mi mamá Jovita, que ha sido panadera, amasaba panes en forma de muñecas que luego metía al horno de barro. Cuando estaban bien doraditas las sacaba con una pala de madera. Las muñecas, tan grandes como un niño de un año, las hacía por encargo y el que las pagaba se convertía en padrino o madrina tan pronto las colgaba del techo, encima del altar del santo, junto a las velas. Bien temprano, por ahí a las seis de la mañana cuando se levantaba el altar, cada padrino y madrina agarraba su muñeca canturreando:
María Carcoma
el que te bautice
que te coma
Y ya en sus casas, se comían la muñeca que no duraba...ah, con esas piernas tan doraditas, comentó Pastor.
En el arrullo a San Antonio en la casa cerca a la biblioteca no había muñecas de pan. La sala donde estaba el santo reverberaba de velas y de bombillitos eléctricos, de calor húmedo y de gozo. Alrededor del altar, apretujados por la multitud, los hombres se turnaban el toque de los cununos. El biche saltaba de mano en mano; las cantadoras elevaban sus preces al santo para que descendiera del cielo en la madrugada.
Al salir de la casa donde se arrullaba al santo, y mientras caminaba por las calles desiertas de Buenaventura, acompañada de Alfredo Vanín, Pastor Murillo y una tenue llovizna, el eco de las décimas de Benildo Castillo seguía golpeándome las sienes:
Yo conversé con la luna
hablé con todos los muertos
llegué donde estaba el rayo
el relámpago y el trueno
Conversé con San Alberto
y la virgen del Consuelo
llegué a la puerta del cielo
pensando que estaba muerto
vi la estrella de Venus
y la rosa de los vientos.
Referencias
Castillo 1988; Friedemann 1988a, 1988d; Vanín 1986a, 1986b, 1986c.
Herencia, memoria y tributo a la diáspora africana en Colombia (3) Amir Smith Córdoba
La presencia negra
Amir Smith Córdoba (1948-2003) es considerado como un pionero de la etapa moderna de la lucha
por los derechos civiles y políticos de las comunidades negras en Colombia.
Nació en Cértegui, antiguo corregimiento del municipio de Tadó, Chocó, y murió en Bogotá a la temprana edad de 55 años.
Sociólogo y Periodista, colaborador publicaciones nacionales
y extranjeras, su pensamiento ha sido difundido en diferentes medios escritos, marcando siempre el agudo acento de su voz crítica y radical respecto del fenómeno del racismo en Colombia. Fundador y director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Cultura Negra en Colombia, creador y director del periódico "Presencia Negra".
Hizo importantes contribuciones al campo de la educaciòn con su insistencia de recuperar la obra de Candelario Obeso en las escuelas de literatura universitarias.
Hizo importantes contribuciones al campo de la educaciòn con su insistencia de recuperar la obra de Candelario Obeso en las escuelas de literatura universitarias.
Obras
** Cultura Negra y Avasallamiento Cultural: 1980. Centro para la Investigación de la Cultura Negra: Fundación Friedrich Naumann, 116, [7] p. ; 19 cm.
** Vida y Obra de Candelario Obeso y el Negro Robles: 1984. Bogota. Centro para la investigación de la cultura negra
** Vision sociocultural del negro en Colombia / [comp.] Amir Smith Cordoba. Bogota, D.E. : Centro para la Investigacion de la Cultura Negra en Colombia, 1986. F2299.B55V571 1986 Main Smith Córdoba, Amir. 1978.
** “El negro, su historia, su geografía”. En: Magazín dominical. El Espectador. Bogotá. Agosto 20 Smith Córdoba, Amir. 1991.
** “Exclusión y pluralismo racial en Colombia”. En: María del Carmen Casas et al (ed.), Colombia multiétnica y pluricultural. pp. 371-382. Bogotá: Esap.
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